¡Saludos!
“Enemigo Oculto”
- En verdad éramos un grupo
sumamente grande – aunque a decir verdad…No éramos poderosos, grandes en
cantidad, pero todos estábamos desarmados…solo contábamos con piedras y palos…y
eso porque estaban regados por el camino por dónde nos tocó transitar – Y en
estas condiciones nuestros lideres: El Pedrote y El Gusano. Nos indicaban que
debíamos persistir.
- ¡Vacilar: es nuestra
perdición! ¡Debemos enfrentarnos! Nosotros somos muchos…
- ¡Pero nuestras armas no son
suficientes ante ellos! – Le reclamé en pleno grupo, ante la casi mayoría de
todos nosotros.
Y es que en ese momento sentí
como unas avalanchas de miradas llenas de odio y desprecio me azotaron por
diversos ángulos.
Y a decir verdad…me sentí
desprotegido.
Una asimétrica y desigual
condición me invadió.
Y en vista de esto, me dirigí
en forma desigual, mas bien a la defensiva a todos los que me adversaron, y
diría que de una forma muy brutal, así que me dirigí a todos de esta forma:
- ¿Por qué se enfurecen en mi
contra?
- ¡Esto es Alta Traición a
Nuestra Congregación! – Me increpó El Pedrote de una forma por demás insolente.
- ¡Porque es un cobarde! –
Ripostó El Gusano.
- ¡Muerte a los traidores! –
Gritaba alguien escondido entre la muchedumbre.
- ¿Y cuales son nuestras
armas? – Les grité temiendo por mi integridad física, en vista de que ya
parecía que me iban a linchar.
- ¡Tenemos las mas grandes piedras! – Respondió El
Gusano.
- ¡También los mejores palos!
– Se sumó alguien mostrándolas a todos los presentes.
- Pero ellos tienen:
¡Metralletas! ¡Granadas! ¡Tanques de Guerra! Y nosotros qué: ¿Sólo piedras
grandes y los mejores palos? -
Todos se quedaron mudos. Se
sintieron desprotegidos.
Finalmente se percataron de
que los que les decía era simplemente la mas simple y realista de las verdades:
- ¡Somos carne de cañón para
ellos! – Todos enmudecieron. Comprobaron que no les mentía. Instintivamente se
comenzó a escuchar como soltaban esas “prendas guerreras”
Luego un silencio sepulcral.
Y luego un murmullo que nació huérfano pero que luego fue tomando fuerza.
Todos estaban inquietos.
Desorientados.
Cundió el pánico en forma
incipiente.
- ¡Alta Traición! – Gritó
desaforado El Pedrote y señalándome me acusaba a mí de ello.
- ¡Linchémoslo! – Alzaba un
garrote en mi contra.
Y no supe que hacer, ya que
de repente todas las fuerzas que huían se plegaron en mi contra.
De repente me convertí en el
objeto perturbador.
Y sin quererlo, ni buscarlo
me convirtieron en el “chivo
perturbador”
- ¡Muerte a los Traidores a
la Patria!
- ¿Cuál Patria? Si estamos
luchando es por evitar que los del barrio “La Esperanza” nos invadan a nosotros
los del barrio: “Aquí me quedo”. ¿Qué les está pasando? – Mis amigos y vecinos
de toda la vida, se contuvieron. Al parecer mis palabras lograron este pequeño
milagro.
- ¡Pero eso es vejamen a
nuestra “Lesa propiedad”! – Les explicaba El Pedrote.
- ¡Además tú no eres de acá!
– Le increpé muy molesto. Y en verdad, ese tipo ni siquiera vivía en nuestra
barriada, al igual que El Gusano.
- ¿Y quiénes son ustedes? –
Les pregunté. Y ellos echaron un pie atrás. Indecisos. No respondieron.
- ¡Nosotros somos sus
asesores!
- ¿Asesores de qué?
- ¡Somos la solución para
ustedes!
Les garantizamos: ¡Cohesión y
Mando!
- ¿Cohesión? ¿Mando? ¿De qué?
– Mis amigos de toda la vida, se quedaron con las piedras y palos en sus manos,
y de repente me estaban apoyando en forma muy indecisas.
- …Ustedes no son nada, ni lo
serán nunca.
¡Deben luchar por lo que es
de ustedes y nosotros hemos venido a formarlos para la Lucha y la Liberación! –
Nuevamente los indecisos comenzaron a mirarme con ojos de traición.
- ¿Debemos luchar una pelea
ya perdida?
- ¡Alta Traición! – Gritaba
El Gusano y señalándome insistía en que me apedrearan, que me lincharan.
- Pero… ¿Qué les está pasando
a todos ustedes…?
¿Me van a apedrear a mí….Toda
la vida conociéndonos…?
¿Y…Por qué?
Porque unos vagos extranjeros
y de aspectos maleantes…
¿Por qué ellos así se lo
están indicando?
Nosotros nos conocemos desde
nuestras cunas.
Nuestras madres son comadres
entre sí.
Y nuestros padres se echan
los palos juntos y se tratan hasta de: “Compadres”
Hemos jugado a las metras.
Hemos elevado petacas.
Jugado a los trompos.
A las escondidas.
¿Qué les está pasando?
¿Se están volviendo locos?
¿No están viendo qué nos
están sometiendo y obligándonos a entrar a una pelea que no es nuestra?
- ¡Sí que es nuestra…No
debemos permitir….! – José mi amigo y vecino de toda la vida está
interviniendo, pero de repente se ha quedado sin argumento.
No supo redondear bien su
terrible acusación hacía mí, así que los miraba como suplicándoles la ayuda
final para anularme en presencia de todos.
- ¡No! ¡Nunca nuestra Patria
jamás debe ser “manchada y humillada” por las botas sucias de nuestros siempre
enemigos! – Vociferaba acudiendo en forma inmediata El Pedrote.
- ¡Eso! ¡Eso es lo que les
quise decir! – Cerraba eufórico José. Mirándome y en su forma de hacerlo,
enviaba el mensaje tácito de que yo era el “enemigo oculto”.
Y era a mí a quién primero
tendrían que eliminar para ir en pos de nuestros atacantes.
Yo no supe qué hacer.
De pronto me encerraron.
Todos mis vecinos y amigos de
la infancia, me escrutaban en forma belicosa.
- …Yo no soy el “Enemigo
Oculto”.
¿No me reconocen?
- ¡Nos estas humillando ante
nuestros “Asesores”! – Me gritaba José mirándolos, en la espera de su ayuda.
- ¡Nosotros somos la solución
del pueblo! ¡Asesores de Imagen Corporativa!
- ¿Imagen Corporativa? – Les
pregunté. - ¿Y eso para qué nos sirve a nosotros?
- Para que: ¡Nos respeten!
- ¿Nos respeten…De qué?
- ¿Lo están oyendo? –
Chillaba El Gusano, señalándome y agrediéndome con su dedo. - ¡Los está
incitando a la “Desobediencia Civil”!
- ¿Desobediencia Civil…Y cómo
se come eso? – Todos se quedaron enmudecidos.
Nuevamente los estaba
desenencaretandolos.
- ¡No le hagan caso! –
Intervino El Pedrote, empujándome fuertemente.
- ¡Los que tenemos:
Patria…Debemos luchar por defenderla!
- ¿Patria? ¿De qué Patria nos
están hablando?
¡Nosotros vivimos y nos hemos
conocido y convivido es en un barrio! La Patria que yo sepa no está en peligro.
Ni nuestra forma de vivir,
tampoco.
Además nosotros aunque somos
muchos, nos vamos a enfrentar a una gente que vienen armadas con: ¡Metralletas!
¿Podrán nuestras piedras y
garrotes contra las…Metralletas?
Nosotros tenemos que
acercarnos a ellos, para poder pegarles con nuestras arcaicas y rudimentarias
herramientas…Mientras ellos a mas de sesenta metros…
Nos aniquilarían sin siquiera
sudar un poquito.
- ¡No importan que vayan:
…Desnudos.
Que no tengan nada de comida.
Ni armas.
Lo único que debe importarnos
es la defensa de…De… ¡Nuestra Patria!
- ¿Y de qué nos sirve tener:
Patria?
Si nos van a matar como…
¿Mosquitos?
Si ni siquiera nos vamos a
poder… ¡Vestir!
¿Y para qué me hace falta la
dichosa Patria…Si nos van a masacrar?
- ¡Eso no importa! Lo único
que nos hace falta es que nos unamos contra nuestros enemigos antiquísimos.
- ¿Enemigos antiquísimos? No
los entiendo.
Desde que estaba gateando los
he visto.
Ellos viven allá y nosotros
aquí.
¿Cuál es el pecado?
- ¡Traición! ¡Muerte al Traidor!
– Insistía en forma desaforada El Gusano.
- ¡Si…Liquídenlo! – Ordenaba
pomposamente El Pedrote. Nuevamente me amenazaban, pero de una forma
irracional.
- ¿Es qué todos ustedes no lo
entienden? – Les regañaba yo a todos mis amigotes de toda la vida.
- ¿Acaso son un “atajo de
borregos”? – Surtió efecto. Se quedaron a medio camino, pero los incitadores al
verse perdidos, acudieron en sus nefastas acusaciones.
- ¡Muerte al Traidor! –
Repetía incesantemente El Gusano.
- ¡Germina Odio por su
trompa! – Agregaba El Pedrote.
- ¿Entonces…Qué es lo que
tenemos que hacer? – Se preguntaba a sí mismo José.
- …Estoy confundido… -
Señalaba Juan.
- …Nos están volviendo locos…
- Sostuvo Miguel.
Todos ellos estaban muy
confusos.
Nuestros “Asesores de Imagen”
nos azuzaban de una forma despiadada y hasta cruel.
Y allí nos encontrábamos
nosotros.
Con piedras enormes en
nuestras manos.
Y otros con grandes
palos…Esas eran nuestras “Armas”
Sin saber qué hacer.
Y en la periferia se
encontraban los “Enemigos de la Patria” perfectamente armados.
Metralletas.
Fusiles.
Granadas.
Y hasta seguramente con:
Bazucas.
Que desigual era nuestra
lucha por la defensa de conceptos como: Patria.
- ¡Vacilar es perder! –
Aseveró El Gusano.
- ¡Matemos al Traidor! –
Incitaba violentamente El Pedrote.
- ¡No vacilemos en Defender
Nuestro Sagrado Suelo Ante la Presencia Soez de Nuestros Enemigos de la Patria!
– Lograron emerger conceptos tan burdos como estos. Pero lo lograron.
Nuevamente recogían sus banderas de odio y destrozos.
- ¡Si ataquemos y borremos de
una buena vez la Planta Insolente de nuestros Enemigos! – Agregó decidido El
Gusano.
- ¡Muerte a los Malditos
Enemigos! – Chillaba El Pedrote.
- …Pero primero que todo:
¡Matemos a este traidor!- Impuso El Gusano.
- ¿…Pero tenemos que matarlo…?
– Preguntaba José, ya que se encontraba indeciso.
El Pedrote me agarró en forma
desprevenida y me estaba ahorcando, mientras El Gusano me pateaba.
- ¡Hay que liquidarlo! –
Amenazaba El Pedrote.
- …Pero él es de los
nuestros… - Arguyó por primera vez Juan.
- ¡Es un traidor! – Me
acusaba El Pedrote.
- ¡Muerte al traidor! – Decía
mientras me pateaba en forma cobarde El Gusano.
- …Él creció junto a todos
nosotros… - Explicaba Miguel, apartándose de mis atacantes.
- ¡Es un “Sucio traidor”! –
Una nueva acusación….”Sucio Traidor” de El Gusano quién no perdía tiempo en
lanzarme patadas, lejos para que yo no lo alcanzara y aprovechándose de que me
encontraba indefenso.
- …Déjenlo quieto… - Agregó
Miguel – Es de los nuestros…
- ¡No! – Cortó enérgicamente
El Pedrote.
- ¿Y de qué se me acusa? ¿…De decir la verdad?
Ellos están armados y
nosotros no.
Ellos son pocos…Pero mírenle
sus armas…
¡Además nos vamos a dejar
matar por defender qué!
¿La Patria?
Si nosotros vivimos en un
barrio.
Y qué yo sepa no han declarado
guerra alguna.
- ¡No importa! – Gritó
desaforado El Gusano.
- ¿No importa qué…? – Le
increpé ante la andanada de patadas que me enviaba cobardemente El Gusano.
- ¡No importa! Nada importa.
¡Todos deben defender la Patria!
- ¿La Patria de quién…?
¡Desgraciado!
¿Y por qué no me sueltan y me
dejan de golpear? – Pero lejos de soltarme arreciaban en su golpiza cobarde.
- ¡Suéltame desgraciado!
¡Suéltame y déjame defenderme como un hombre! – Ya los golpes estaban surtiendo
su efecto.
Eran dos en mí contra.
Y no me permitieron mi
defensa.
Y lo peor era que lo estaban
haciendo en presencia de decenas de mis mejores amigos…
Y ninguno movía un solo dedo
en acudir en mi defensa.
Pronto mis fuerzas comenzaron
a flaquear, mis piernas se doblaban solas. No me pude sostener mas en pie. Caí.
Y aun caído…seguían
pateándome. Sin misericordia.
En algún momento casi que
pierdo mi conciencia.
Y por allá a lo lejos, los
escuchaba. Lanzando arengas.
De defensa de la patria.
De que debían ofrendar su
vida por ese vacío y oculto en sus intenciones.
Porque no logro entender que
tengo que ofrendar mi vida, por la defensa de algo que nunca he logrado
entender: Patria.
Y desde pequeño me enseñaron
mis maestros y mis padres, que la patria era el lugar en dónde podemos crecer
en paz.
Trabajar y lograr nuestros
mas grandes anhelos.
Todos tenemos patria. Pero en
santa paz.
En donde pudiéramos convivir
y no entrar a matar y a masacrar sin son ni ton. Pero
¿Por qué debo matar?
Porque unos desalmados me lo
¿estén incitando y hasta ordenándome?
Y mientras estaba en mis
elucubraciones, comencé a escuchar ráfagas de tiros.
Explosiones espantosas.
Chillidos y gritos pidiendo e
implorando auxilio.
Pronto sentí la estampida…
Y finalmente una suave brisa
azotó mi rostro y mi cuerpo cundido de heridas.
Entendí que la refriega había
culminado.
…Y entendí que mis amigos de
toda la vida, habían terminado igual que yo…Mancillados y humillados…Nuestros
enemigos una vez mas habían culminado con éxitos sus empresas…
Belbaltodano.-
No hay comentarios:
Publicar un comentario