Impidiendo...

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-        ¡No sé quiénes son estos! – Gritaba el anciano cuando veía con el mayor espanto del mundo, cómo venían personas extrañas a su propia casa.
-        No los conozco. Son unos invasores, y con seguridad vienen es a robarme… - Resabiaba con la mayor de sus desconfianza. Se le notaba el alto grado de irritabilidad.
(Y al verlos llegar de esa forma…Tan brusca, tan enervante: ¡Pues es lógico pensar, qué vinieron para hacerle algún mal!  …Y de allí su tosca reacción.)
“¡Vienen a invadirme o a robarme!” – Fueron sus pensamientos iniciales.
Rápidamente como pudo    -pues ya tiene casi los cien años-   corrió y quiso agarrar una escoba, un palo…O una silla ¡algo con qué poder hacerle frente a esos invasores!
El angustiado centenario corría desaforado, se cansaba de nada, ya el peso de sus años hacía mella en él.
Bamboleante y con movimientos imprecisos, se le escuchaba todo el ruido que producía acompasado con esa respiración tan costosa…Se encontraba sumamente azorado. Asustado pero decidido a defender a toda costa su territorio, ante cualquier invasor. ¡Sea quién sea!
Pero no se amilanaba, era precario hacerle frente a esa gentuza que le estaba invadiendo sus predios.
Al fin después de tanta búsqueda, consiguió una silla que estaba en alguna parte de su vivienda e izándola con toda la fuerza que aún le quedaba…La izó y trató de amedrentar a sus intrusos.
Era un hombre de algunos setenta años, en compañía de una mujer de mas o menos la misma edad.
(Los que turbaban su santa paz…)
Se les veía angustia en sus rostros.
Contemplaban impávidos al lento vejestorio, quién corría de un lado a otro y gritaba y gesticulaba sin cesar.
(Daba muestra de una irracionalidad, muy campante.)
Se mantuvieron a prudente distancia. Esperaban el momento preciso para entrar…Esperando quizás un descuido del periclitado ser, que sabiendo de sus perversas intenciones, no les daba la espalda en ningún momento.
-        ¿Quiénes son ustedes? – Les gritaba jadeante, tratando de apoyarse de todo lo que lo pudiese sostener.
Su cara era de un ser muy furioso, que sabiendo sus limitaciones, no se dejaba amedrentar.
-        Soy yo… - Se dejó escuchar una voz casi suplicante, y era la del hombre, atrás la mujer traía algo entre sus manos, no se veía que es, por que lo tapaba con un trapo, impidiendo su visión.
-        ¿Quién es “Yo”? ¡Váyanse no me molesten!
-        Pero…te traemos tu desayuno… - Dijo suplicante la señora, quién se encontraba detrás de su compañero.
-        ¡Fuera! Ustedes han venido a robarme, ¡fuera!
¡No los conozco! – Dio unos pasos mas para asestarle la silla al primero que avanzara.
Ellos se contuvieron. Era visible su intención.
Querían entrar a pesar de la resistencia suya.
Pero este les impedía su ingreso.
Así estuvieron por largos minutos.
A su alrededor, estaban los vecinos del viejo roble, quiénes mantenían una prudente distancia.
Algunos se resguardaban tras las cortinas de sus ventanas, como para que mas nadie se enterara de que ellos estaban fisgoneando.
-        Déjanos entrar…Por favor…
-        ¡No! ¡Ustedes son unos ladrones y vienen a robarme!
-        No. Yo soy tu hijo. – Gesticulaba el hombre, mientras su mujer seguía a sus espaldas.
-        ¿Mi hijo? ¡Yo no tengo hijo! – Le respondía en forma amenazante. Mientras miraba de soslayo a su espalda, dando la impresión de que consultaba algo con alguien, el cual nadie veía.
-        ¿Qué traen allí…? – Quiso saber al ver lo cuidadosa que era esa mujer, que portaba algo y no lo dejaba ver.
El hombre arrastró a la fémina y la puso delante suyo, mientras destapaba lo que ella portaba con tanto cuidado entre sus manos.
-        Es tu desayuno papa – Le indicó.
El arrugado ser, fue bajando poco a poco su armamento, mientras daba la impresión de que discutía con alguien mas, que lo acompañaba en su casa.
Esos minutos fueron de mucha tensión.
Todos estaban pendientes de su desenlace.
Fueron testigos de que el dueño de esa residencia, fue descendiendo poco a poco esa silla y la fue colocándola en el piso…Pero siempre agarrándola, como para informarles que la tenía lista para estrellárselas al primero que se le acercara.
Una de sus vecinas, se le acercó lo mas que pudo y le dijo al visitante…
-        Tu padre está cada vez peor. Ya ni nos reconoce a nosotros que tenemos mas de cincuenta años siendo sus vecinos. – Le informó temerosa.
Tratando de no ser vista y de que no la atacase el enfurecido vecino.
Otros que mantenían una muy prudente distancia, asintieron y se lamentaron de esta terrible situación…
…Pero nadie hizo un ademán por intervenir…
Y así estuvieron por un rato largo mas. Demasiado.
Ellos queriendo entrar…Y el otro impidiéndoselos.
















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Analizando.












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-         No entiendo nada. ¿Cómo es eso posible: Una guerra entre el comunismo versus democracia…? ¿Y quiénes encarnan a quién…? Realmente que cada vez que leo o alguien me habla de una posible “guerra civil” en Venezuela, me pongo a meditar y me pregunto: Para qué pueda haber un conflicto de esa naturaleza, debería haber un pueblo dispuesto a esto…Y no lo veo… - Andrés estaba sumido en sus pensamientos. Y a cada rato movía su cabeza en forma negativa.
Para él, no era concebible…Y así se lo manifestaba a Gerardo y a Luis, que junto a su esposa Sofía, lo escuchaban con suma atención.
-         En el caso especifico de Venezuela, yo lo que veo es a un pueblo sumido en la ignota pobreza. ¡Es lo que percibo!
Postrado en medio de su creciente descontento. Sin salida posible.
Forzado a pasar el hambre hereje.  Padeciendo en carne propia lo mas degradante que gobernante alguno somete a su propia población.
-         Pero mira… - Lo interrumpió imprevisiblemente Gerardo quién se encontraba muy nervioso e interesado en que su versión fuese aquilatada.
Andrés guardó un imprevisto silencio   -aunque se le notaba que no le agradaba para nada esta interrupción-   se apartó un tanto y se dispuso a escuchar…
-         El gobernante está dando muestra de querer hacer algo por su pueblo… ¡Por lo menos habla! Digo yo… - Se quedó en silencio de repente, al parecer sus argumentos desfallecieron en su intento.
-         ¿Habla? Ese tipo de lenguaje solamente lo comprenden ustedes…- Dijo en un tono un tanto dubitativo, y cuando se disponía a responderle Sofía intervino para añadir…
-         A mí lo único que me importa es que aparezca la comida y las medicinas… - Asomó su posición para luego ponerse detrás de su esposo, el cual saltó al ruedo de forma inmediata…
-         Para serles sincero. Coincido con el amigo Andrés, aunque aún no le han permitido cuadrar bien su intervención. – Aprovechó la ocasión y repuso en el acto.
-         Lo  que yo sostengo es que: ¿De qué me sirve a mí, que el tipo hable y hable…? La solución no está en hablar. Está en resolver. Y para poder resolver: Debe permitir que entre la ayuda extranjera…
-         ¡Pero si acepta eso, está aceptando que la situación en este país es ya insostenible! – Protestó Gerardo. Y una vez que expresó lo que quería, volvió en su mutismo.
-         Entonces… ¿Cómo van a resolver todo este drama? ¿Charlando acaso?
O atacando y metiendo preso a todo el que se le enfrente…Esa es la forma mas fácil. Los tiranos no aceptan un no, como respuesta.
¡Todos tienen que bailar al son que ellos toquen!
-         Pero los venezolanos somos muy valientes… - Asomó Gerardo.
-         ¿Y quién está poniendo en duda eso? Ya este pueblo está agotado. Mutilado en sus principios. Sumido en arenas pantanosas.
Porque por un lado está una cuerda de políticos locos por agarrar aunque sea un pedazo de ese pastel.
 Y están dispuestos  hasta a empeñar a su propia madre, con tal de que le dejen ganarse unos cuantos millones.
Porque lamentablemente esa es su esencia. Ya de eso, nosotros estamos cansados. – En ese preciso momento le hizo una señal de pare a Gerardo quién iba a interrumpirlo de nuevo. Y una vez que se percató de que ya este no lo iría a interrumpir de nuevo, se ubicó en otra posición y entornando su voz en tono grave, les dijo…
-         Miren, nos dicen que ya hay varios presidentes interesados en la solución de este problema.
La OEA, y hasta la ONU, pasando por la Unión Europea. Eso está bien. ¡Pero! “De buenas intenciones: ¡Están llenos los cementerios!”
Aquí no va a ver una “guerra civil” porque esta es una pelea desigual. Lo que veo es a un gobierno “Todopoderoso” qué hace cuanto le da la gana, y al otro lado: Un pueblo agotado. Desarmado.
Que no cree en ellos y que por esa sola causa, es obligado.
Apresado. Amedrentado. Humillado. Trajinado.
Porque el pueblo está con hambre, enfermo y lo peor: ¡Desarmado!
Y si me preguntan por cuál Imperio me quedo, entre el cubano con relación al gringo…Les tengo que decir: ¡Que no me quedo con ninguno de ellos!
Prefiero seguir viviendo en Venezuela. – Y diciendo esto, se retiró.
Dejando a sus amigos pensativos. Analizando palabra por palabra.









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Mofándose...







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-      ¡Ese es un mono! ¡Donde lo pongan es un mono peludo! – Gritaba Adrián mientras señalaba con suma insistencia a un ser que se encontraba asomado en un portón.
Y yo, como andaba a su lado, pude determinar que estábamos a mas de cincuenta metros de distancia.
Ciertamente que era negro, a lo lejos daba la impresión de que era lo que el amigo aseguraba. Lo noté muy excitado.
Pude comprobar que se bamboleaba con cierta cadencia.
-      …Parece que sí… - Aseguré desde lo lejos. – Pero parece mas bien…Un chimpancés…
-      ¿Chimpancés…? – Repetía con cierta ironía, pero se detuvo y entornó mejor su visión…
-      …Cómo que por allí va la cosa… - Me dijo concediéndome esta opción. Pero le noté mucha suspicacia.
Y entendí que no estaba del todo seguro. Pero a decir verdad, era muy alto y robusto para ser un monito. Y así se lo hice ver.
(Debo reconocer que en un principio ¡tanto me impresionó, que sentí un dejo muy pronunciado de cierto…Temor!)
-      ¿Qué es lo que es…? Va en dos patas, míralo como se bambolea… - En efecto, se deslizaba tanto a la izquierda como a su derecha. Pero se mantenía agarrado por su mano izquierda. Y al parecer: ¡Nos miraba a nosotros dos!
-      ¿Y ahora qué hacemos? – Le pregunté a mi compañero y este me dio la impresión de que se encontraba sumido en un temorcillo hacia “eso” que aparecía en nuestro camino.
-      Vamos. No tengas miedo, que yo te defiendo. – Me afirmó con cierta resolución, que…Me causó cierta aprehensión.
No obstante, avanzamos unos diez metros mas y en la medida en que lo hacíamos…
Ese singular ser…Se mecía con mas cadencias.
Supuse que lo hacía a propósito.
-      …Mira…Pareciese que está desesperado porque nos acerquemos mas a él… - Me dijo con mucha cautela, signo inequívoco de que él mismo…También le tenía miedo.
Yo miraba a los lados y me percaté de que este hacía lo mismo, disminuimos nuestra velocidad, a casi un paso por minuto…
(No obstante caminamos unos cuantos pasos mas…Hacia adelante…Y otro tanto atrás…Por si acaso.)
-      Parece un hombre…Y es negro… - Decía mas para él mismo, que para mí.
-      ¡Y bien feo! – Aseguré.
Cuando de repente comenzó a brincar y a danzar con mucha euforia…
(Reconozco que yo mismo, me sorprendí al escucharme que estaba chillando… ¡Pero el amigazo mío…También lo hacía!  …Qué pena. ¡Qué rubor me dio!) - …Qué pensaran de mí…
Tenía la figura de un hombre, que andaba solamente vestido con un interior de color blanco, el cual resaltaba demasiado en contraste con lo sucio que andaba.
-      ¿Y qué le pasará…? – Me preguntó Adrián.
-      ¿Y yo qué sé!!! – Le respondí muy molesto, cuando en realidad lo que me provocaba era salir corriendo a toda carrera de allí.
-      ¿…Y ahora…Qué nos podrá hacer…? …Será que le hemos caído en gracia…Será…Ayyayayyy… ¡Susto!
¡O es que nos quiere hacer alguna maldad… – Me preguntaba casi llorando, sin quitarle la vista ni un micro segundo.
Sus quijadas se batían de una forma irregular y con trepidante fuerza. Yo me fijé en ese detalle, mientras contemplaba que temblaba a rabiar…Se llevó una mano a su boca mientras la otra la posaba encima de su corazón.
Y de repente: ¡Comenzó a brincar de una forma loca!
-      ¡Ayy mi madre! ¡Sálvame Dios mío! ¡Auxilio! ¡Socorro!
¡Ese bicho nos quiere comer! – Aseguraba mi acompañante, mientras trataba de esconderse detrás de mí.
¡Y es que se me pegó como si fuese una estampilla!
Y no me dejaba ni siquiera respirar, como tampoco poder ver…
Mientras estos dos hombres se debatían entre ellos, pasó un pequeño infante, quién se les quedó mirando muy asombrado y ya sin aguantarse mas, se les acercó y les recriminó a los dos…
-      ¡Ay mira a estos dos “##$%%&! ¿No les da pena que hagan “sus cositas” delante de mí que soy un niño? – Ambos se miraron incrédulamente y se zafaron  en el acto.
Y tratando de acomodarse mejor y aclarando la voz, Adrián le recriminó con voz de hombre muy rudo…
-      ¿Qué te pasa mocoso? ¡No ves que nos estamos defendiendo de ese monstruo…?
-      Ustedes dos son unos cobardes…Cobardes…Son unas niñitas…Niñitas… - Se burlaba abiertamente de estos dos quiénes se sintieron ridículos ante este enanito…
¿Pero qué mas podían hacer?
-      ¿Monstruo…Quién…Pepito…? – Les dijo señalando al misterioso ser, se reía y los señala como un par de estúpidos.
-      ¿Pepito? ¿Quién es “Pepito” ah? ¡Él es Pepito! Y además es inofensivo. – Les dijo mientras se acercaba al negro que en ese momento se mantenía tranquilo y en la espera de que se le acercara ese pequeñín.
-      ¿Le tienen miedo a él…? ¡Ayyy mira a estos dos…! – Se burlaba descaradamente. Y se acercó resuelto,  y los dos al ver lo que hacía ese niñito…Emprendieron una feroz huida.
(Porque creían que por una maldad: Les soltaría a ese “monstruo”)  
Dejando un charco muy evidente…En el sitio en donde estaban…
El mocoso se reía mofándose de esos dos…
















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