“Mientras él trabaje…Yo me divierto”



Siendo la noche estrellada. Los luceros mantenían a la barriada casi como si fuesen las seis y picote de la tarde.
Pero aún así ya eran aproximadamente las diez de la noche.
Y ya a partir de esas horas, la buena gente suele ir a acostarse y dejarle las calles a los pervertidos y a los habitantes nocturnos.
Y se podía ver con mucha nitidez,  hasta distinguir con cierta perfección a cuantos deambulaban ya por esas calles.
El temor a lo oscuro y a lo desconocido, se dejaba sentir a medida que avanzaba la noche.
Y es creencia popular, que de noche es cuando se alborotan los espantos, asustando y llevándose a la gente honesta y decente.
Por detrás de cada puerta, colocaban sus insignias con la firme creencia de que lo protegerían contra los atacantes de la oscuridad.
Ya la mayoría de las familias se estaban o ya estaban en el proceso de la dormidera, porque al día siguiente era lógico hay que salir a trabajar como Díos manda.
Allá por lo lejos se escuchaba a alguna de las escandalosas del barrio o algún perro ladrando.
Y cuando la noche se alborota…Las ventanas y puertas se cierran.
En general todo permanecía en forma normal.
Matilde era la matrona en su casa. Mujer ya entradita en años.
Muy hacendosa y le encantaba meterse en los problemas que no eran suyos ni de su familiares.
Antaño llevaba una vida un tanto “desordenada”, pero eso ya había quedado en el pasado.
Hoy se erigía como toda una matrona y exigía el respeto debido.
Su hijo Simón era un reconocido malandrito del sector de todos conocidos.
En diversas ocasiones lo habían agarrado “in fraganti” pero su madre le alcahuetaba todo cuanto este hacía.
Un vago y un “mantenido” y todos coincidían en señalarla como la causante de que este fuese así de esa forma.
- …Menos mal que le nació: Macho.
Porque sino ya lo estaría dando por todas partes…como su madre…
Pero si hubiera sido mujer…
Le gustaba todo lo ajeno. Envidioso y chismoso.
Especialmente se creía y se sentía el “semental” favorito de todas. Hasta su madre se enorgullecía de esta proeza y de la grandeza y belleza de su propio hijo.
Y para mantenerlo contento; hasta le permitía que trajera a su choza cuanta loca se consiguiese.
Siendo muy común los escándalos que estos muy a continuo propiciaban.
- “Cosas de estos muchachos” – Era su cantar y para minimizar todos los eventos a los que sus vecinos se veían precisados a asistir….Sin querer.
Lo cierto es que esa noche…Precisamente, algo extraordinario se estaba escenificando.
Ella lo intuía. Nerviosa se sentía.
Y pocas personas pudieron ver su inicio y este fue mas o menos de esta forma:
Simón salió a escondidas de su residencia.
No tenía ese “temor a lo oscuro” que su progenitora sentía.
- ¡No sigas saliendo de noche!
¡Mira que los demonios se alborotan es en las noches!
- ¡Qué va! Esos son cuentos de viejas.
¡A mí me tienen miedo los fantasmas!
- ¡No seas terco hijo!  - Pero siempre se le reía en su cara.
- ¡El diablo me tiene miedo, vieja! – Su madre se persignaba.
- …Una de estas noches…
- ¡Ja, ja, ja, ja! – Nunca le creía nada de sus cuentos.
- Esta noche es muy peligrosa, no seas terco. ¡No salgas!
- Ujum – Le respondió mas para quitársela de encima y por supuesto que lo haría.
Al igual que todas las noches.
Su extraño sentido del deber…Ya que su trabajo lo ejecutaba a espaldas y al descuido de todos…Y siempre de noche…
Nada cambiaría, para nada.
Además tenía carencia de sus drogas.
Ya nadie le quería dar “fiado” nada.
No creían en la fortaleza de sus palabras.
Y la nueva “conquista” le estaba exigiendo muchas cosas: Vestidos. Alhajas. ¡Trapos y mas trapos!
Le exigía que la mantuviera, porque sino no se lo daría nunca mas.
Y él mismo sentía esas “ganas locas” por drogarse.
¡Era ya urgente! Y nadie se lo iba a traer en bandeja de plata.
¡Tenía que salir a “trabajar”!
…y eso era lo que justamente iba a hacer.
¡Y ni los muertos, ni los espantos, ni su madre, ni nadie se lo iban a impedir!
Requería dinero. Era vital. Y para eso debía salir.
¿Y dónde mas podría conseguirlo…?
Y menos esa noche.
Tenía sus planes trazados y ella no se lo iba a impedir. Jamás.
Así que esperó hasta que se acostara.
Y tomándole el pulso, se aventuró.
Saliendo por el patio, se le notaba muy sigiloso.
Miraba hacía atrás y al instante hacia su frente.
Sin descartar ni a su derecha ni a su izquierda.
Oteaba el ambiente.
Muy sigiloso se escurrió en tan iluminada noche.
Por su cuenta, aseguraba que mas nadie lo había pillado.
Su madre permanecía en su cuarto y por el sonido, era seguro que estaba viendo su televisión, su novela favorita.
- ¡Esa ni cuenta se va a dar, que me estoy yendo! – La fémina de turno, le servía de guía.
- ¡Si me va bien…Te voy a premiar!
¡Te voy a vestir como a una Diosa! – Ella se sintió muy halagada, y esas eran señales de que su hombre, la amaba.
…Y mientras él tenga para darle todos sus gustos…Ella lo complacería en todo lo que este le pidiera. Esa era la simbiosis.
Por esa razón, lo encubría. Lo protegía.
Ese hombrecito suyo, le prometió muchas cosas y debía apoyarlo. Le convenía. Su interés radicaba en su ser…
¿Y después…?  Ese no era su problema.
Y pensando siempre en sus ofrendas, lo guiaba encantada.
Una mano siempre lava la otra…
Caso contrario: Lo abandonaba.
Y ya problema resuelto.
A buscarse a otro que si pueda darle sus “gustos”
Ella lo valía. Y eso le exigía.
Soñaba con esa cantidad tan grandes de “regalitos” que su pareja le traería, mientras ella lo esperaba en la comodidad de su refugio.
Y se prestaba anunciarle  si había moros por la costa.
Y como estaba despejado, sus señas le hizo.
Y de la incipiente oscuridad emergía de una forma rápida y eficiente.
Y así de esa forma se le escurrió a su celosa madre.
Y ya en la esquina, dobló y suspiró con gran alivio.
- …Esta noche como que está “pesadita” – Se dijo al sentirse que su carne se le arrugó y un fuerte corrientazo le brotó de alguna parte de su espina dorsal.
- ¡Vergus! Tengo todos los pelos parados. ¿Qué será toda esta vaina? – Se detuvo para frotarse todos sus brazos.
- ¿Será cierto todos sus cuentos? – Helado se sintió.
Se frotaba con intensidad.
Y hasta llegó a considerar como verdadero lo que tantas veces le advertía su vieja.
Pero de repente y en un lapso de machismo se dijo…
- ¡Va! ¡Puros cuentos de viejas! ¡A mí me teme Satanás! 
Sacó un arrugado cigarrillo y sacando los fósforos de una cajita ya corroída por el tiempo y por su uso.
Sintió miedo. Se cuidaba de un ataque repentino.
- Hay mucho loco violento suelto. – Se dijo justificándose.
Accionó uno en varias ocasiones y con rabia lo desechó sacando en el acto otro.
- ¡Esta porquería no quiere prender! – Golpeaba con fuerza los fósforos.
- ¡Que el demonio se me aparezca y soy capaz de escupirle la cara! ¡Pajúo! – Miraba retadoramente a todas partes, seguía sintiendo ese frío de muerte que lo entumecía.
Hasta que al fin pudo completar su faena.

Ya se sintió satisfecho, el humo que corría por sus pulmones le inyectaba esa energía que lo fortalecía.
....Este nuevo relato continuará mañana mismo...No te lo pierdas......

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