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“Yo no soy feliz”
“Cuando la inocencia de una niña se confunde
con la mas cruda de las verdades…!
- Yo no soy feliz. - La niña Anita es de contextura
delgada, blanca pálida, con sus cabellos amarillentos vencidos, toda
despeinada.
Y dentro de toda esa deplorable imagen…
Se veía bella, como si fuese un diamante en bruto.
Constantemente se debía apartar de su rostro sus
mechones de cabello que con el viento se le metían en su boca mientras ella
hablaba.
Blanca una señora (Vecina del sector.) que con el
correr de los años, vino a hacerse mas amiga de ella que de su madre, a la cual
conocía muy bien y que por sus muchos conocimientos siempre la censuraba.
Sabía que ella era de la vida de “mujer alegre” y que
era muy común que se encerrara con algún que otro macho que siempre encontraba
por la vera del camino, dejando a Anita y al resto de sus hermanitos...Por ahí…
- ¿Y por qué no eres “feliz hijita linda!?
- No lo soy. Es verdad. - Dobló su boquita y sus
labios los colocó hacia abajo, mientras que de sus ojitos se entristecieron, se
quitó de su rostro los mechones que siempre se le alborotaban en su boca.
Blanca la contempló por largo rato.
Instintivamente sabía que no le mentía y la candidez
de su rostro, eso le afirmaba.
No emitió palabra alguna, pero la abrazó y comenzó a
susurrarle al oído las siguientes palabras…
- ¡Ay mi niña linda! Aquí siempre me tienes.
¿Sabrás que yo te quiero mucho?
- Si, lo sé. - Su vestidito se encontraba muy sucio y
raído.
- Quisiera abrazarte FUERTE, FUERTE para que veas
cuánto te amo. ¡Mi niña bella! – Por respuesta obtuvo una amplia sonrisa y
abriéndole sus bracitos, procedió ella misma a abrazarla.
- ¡Yo también la quiero Señora Bella!
- ¿Tienes hambre?
- Si.
- ¿Y desde cuándo qué no comes?
- ¡Uf! ¡Ya ni me recuerdo!
- Ven que te voy a dar de comer.
- No puedo señora Blanca.
- ¿Por qué?
- Porque mi mami me mandó a trabajar…
- ¿Y vas a trabajar en qué?
- A trabajar.
- …Y ¿no me puedes decir en qué trabajas…? – La
pequeñita se mordió los labios y comenzó a mover su cabecita en forma negativa
y en vista de que no quería informarle, cambió su estrategia y le preguntó…
- ¿Y no puedes comer antes?
- Si mi mami se entera, se va a molestar mucho y me va
a castigar.
- Pero hijita ¿no puedes comer? yo no te voy a acusar.
Además tengo unos dulcitos muy ricos. E hice un
pollito horneado que está como para lamerse las manitos…
¿Y sabes algo? – La chiquita le hizo señas con las
manos… - …Que me está dando muchísima hambre y voy a ir a comer… ¿Me
acompañas…?
Y será un secretito entre las dos ¿te parece?
- ¿Y si se da cuenta? No me lo va a perdonar nunca.
- ¿Y cómo se va a dar cuenta? Yo nunca se lo voy a
decir.
Se mostró indecisa. En
verdad tenía mucha hambre y ya no aguantaba.
- ¿Y está muy rica…De
verdad…?
- ¡Oh si! Y ya vas a ver
que ¡te vas a chupar tus dedos!
Anita miró hacía la
dirección de su casa…
Se balanceó de un lado al
otro, su vestidito se mecía con el
viento y sus mechas giraban, y como para darse mas valor, pues su deseo de
comer era muy apremiante y de pronto sintiendo que la señora la tomaba de la
mano…
Cedió y rápidamente comenzó
a brincar de la emoción y entre sus tantos brinquitos…Gimió…
- Ayyy – Se vio cuando
se dobló por el dolor pero al percatarse de esto, rápidamente se irguió.
- ¿Y eso?
- Nada.
- ¿Qué te dolió?
- Nada. – Y siguió
canturreando una cancioncita de niña.
La doña la observaba y
en su fuero interior sintió mucha tristeza al ver como su propia madre la
estaba explotando sin tomar en cuenta su pequeña inocencia.
Por ese sector, se
rumoraban muchas cosas de la
vagabunderías de esa señora…Que era capaz de…
Suspiró de impotencia.
Le estaba tomando mucha rabia, y no entendía como su propia progenitora le
estuviese haciendo eso a una pequeñina como esta.
Pero la alegría
infantil, le calmó su indignación.
La acompañó en su
canción…Pronto ambas canturreaban la misma melodía.
Entraron emocionadas,
pronto se les olvidó la realidad cruda y se enfrascaron en sus quehaceres.
- Primero lo primero. - La
llevó primero al baño.
Abrió la llave del
lavamanos y mientras bailaba comenzó a limpiarle su carita y sus manitos, luego
tomó una toalla de mano y procedió a secarla.
Le planchó con sus
manos, los pliegues de su arrugado vestidito.
- ¿Ya estoy lista?
¿Estoy bonita? – Le preguntó mientras se veía con insistencia en el espejo.
Se retocaba su
alborotada melena.
La doña buscó un cepillo
y comenzó a pasárselo por su cabecita, mientras seguía con la melodía.
Anita se dejó hacer
todo, con mucha picardía.
- ¿Me peina de la forma
como se peina usted?
¡Se ve muy bonita!
- ¿Te parezco bonita
yo…?
- ¿De mujer a mujer? –
La doña la miró de reojo y con picardía intentó corregirla, diciéndole…
- No de niñita linda a
mujer adulta, como lo soy yo. – En su infantil cerebro se le quedó mirando y
con un mohín de picardía sonriendo le dijo…
- Ok, pero sigue siendo
¡bella!
- Pero es que ya estoy
demasiado vieja… ¿No te parece?
- No.
- A ver, déjame ver cómo
te puedo complacer.
Aunque a mí me parece
que te voy a hacer mejor ¡unas trencitas! ¿Te parece mejor? – Se lo pensó unos segundos y triunfante reía
expresándole su gratitud.
- ¡Si! ¡Es mejor
trencita! – Ella festejó la decisión de su invitadita y tomándola de la mano…
- Bueno vamos a salir de
acá y vámonos a mi cuarto.
Allí te podré peinar
mejor. – La niña comenzó a brincar de la alegría. Pero de repente, observó que
volvió a dar muestras de dolor, prefiriendo quedarse quietecita.
(¡Pero si es una
lindura! ¿Cómo pueden existir mujeres así? ¡Mala madre!
…Y yo que nunca he
podido tener un hijo siquiera.
Y “esa” ¡hasta parece
una coneja! Pariéndole a todos los hombres con que se acuesta.)
Pensaba mientras con una
sonrisa le hacía toda clase de cariños a esa bebita.
- ¿Y usted no tiene
hijos?
- No hija.
- ¿Y por qué?
- Solo Dios lo sabe.
- Mi mami tiene muchos
hijos.
- ¿Aja y con seguridad
los quiere mucho a todos ustedes, cierto?
- No.
- ¿No y por qué?
- No lo sé.
- ¿Y tu la quieres
mucho?
- Si.
Tema: Niñez abandonada
"El que esté libre de culpas que lance la primera piedra"
...Mañana continuará…
.-.-.-
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