Cuando te toca partir...

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Corto  en  relatos











“Me toca partir de nuevo”











En diversas ocasiones me ha tocado partir, algunas de ellas ha sido por razones laborales.
Pero solamente dos me han marcado mi vida…
Es duro emprender vuelo, sin conocer el destino…
Es inhumano partir sin rumbo fijo.
Pero hay que aceptar venga de donde provenga…Así ha de ser.
















- Dime Juan ¿qué es lo que mas te atormenta en este preciso instante…? Y te pregunto porque te veo muy indeciso. ¿Puedo saber qué es lo que te aflige amigo mío? – Delia lo observaba desde su posición, no entendiendo como él se encontraba muy distraído, mejor dicho…Confuso e impreciso.
El antes nombrado, vaciló. Intentó expulsar lo que lo mantenía confinado, se sentía cómo una especie de rehén. Molesto. Incongruente.
…Pero perdió su impulso inicial. Decidió meditarlo un poco mas, dejó escapar una mueca como síntesis de que pronto le contaría.
La dama lo entendió en el acto y prefirió esperar. Pensaba que era muy prudente hacerlo, sabiendo que si insistía…Él se iría por una tangente…Así que le respondió con la mejor de sus sonrisas.
- Voy a preparar café. – Le dijo y sin esperar respuesta alguna, se dirigió a la cocina.
Sin quererlo, la observó partir, ya que estaban en la sala de la casa de ella.
Él se quedó sin nada qué hacer. Miró hacia arriba y luego a los lados. Era evidente que se encontraba en una guerrilla interna.
No encontraba el acomodo preciso, su nerviosismo hacía presa de él.
Molesto por encontrarse a merced de fuerzas incontrolables por él…Se sumió en un mimetismo angustiante. Poco dominio tenía. El descontrol y la ira sin sentido, eran sus dueños.
Trató de mirar…Pero era que no veía.
Intentó tararear alguna cancioncilla, pero su garganta se encontraba sumamente seca.
Se palmeó ambas rodillas.  Estiró sus piernas.
Era evidente…Se sentía muy turbado.
En igual silencio, calmó las tempestades internas que lo acuciaban a que por fin se decidiera.
Pero venció (por lo menos en este round).
Ya un poco mas estabilizado, se aventuró a acercársele…
Ella sintió sus pasos…Estaba como a seis o siete metros distante. Y sin volver a verlo, continuó con su faena.
- Siéntate en esa silla- Le señaló una que estaba en esa misma área. Él asintió y se sentó sin pronunciar palabra alguna.
- Veras… (Inició su monologo sin mirarla siquiera.) He de partir y no me siento muy feliz.
Y si me voy es porque debo hacerlo.
Tengo muchos problemas con mi esposa.
En verdad, ya no nos entendemos. Y ante que florezcan sentimientos repletos de rencor, es mejor partir. He reflexionado con mucho tesón y en verdad, no encuentro otro sendero que ese.
¡Me aterra agarrar nuevamente el camino que para mí entender es de mi exilio!
…Me inquieta el porvenir…Pues no sé qué me habrá de deparar mi destino, muy nuboso e impreciso. Visualizo tremendos remolinos.
Pero todo me parece indicar que eso es lo mas recomendable. No tengo otra opción viable. – La mencionada tan solo se limitó a mirarle, sin emitir juicio alguno. Gesto que él supo apreciar.
- ¿Vas a esperar a que se cuele el café…? No me dejarás con la taza en la mano… ¿Cierto?
- Claro, claro y te agradezco tu gesto.
- ¿Y me dirás cuál será tu destino final?
- Si lo supiera… - Dejó escapar esta frase mientras exhalaba y expiraba con notoriedad. – Mi camino es pedregoso, la inercia guiará mis pasos.
No sé cuándo deba hacerlo.
Si de noche o de día. Tampoco tengo fecha fija.
En estos momentos la zozobra es mi consejera…
- Valiente apreciación… - Sugirió en un momento impreciso, mientras servía cada taza del humeante negrito. – La verdad…Verdadera es que      -en mí humilde opinión-    debes luchar por aclarar primero tu situación, antes de emprender ese viaje que a todas luces me suena como una huida… (Y me perdonas la franqueza.) Pero has de entender que hay que agotar hasta lo último.
- Y lo estoy haciendo. Sólo que me encuentro en un callejón sin salida a la vista. Y es que ya no encuentro una vía común, ambos nos encontramos enfrentados. No hay concordancia alguna.
Y si digo…Si
¡Ella me contradice!
…Al igual se lo hago a ella. Estamos entrampados en una lucha sin fin. Pareciera que nuestra misión es competir para saber cuál de los dos es mejor en infringirle mas herida a su pareja.
Es una lucha sin cuartel,  y  sin tiempo predeterminado.
¡Mejor es que me vaya!
- ¿Es preferible escapar…?
- En ocasiones huyendo se continúa peleando.
Parece un contrasentido. Pero en el duro batallar, no solamente  “en el frente”  es el campo de batalla.
Y te lo digo porque usualmente me enfrento a mí mismo  y a mis muchos demonios, que pululan dentro de mí ser. Y en verdad, he de reconocer que me son mas encarnecidos que los que físicamente se me enfrentan. Son bestiales y demoníacos, quizás sea porque habitan dentro de este mismo cuerpo y me conocen mejor que nadie. A ellos son los que mas temo.
A decir verdad. – Su oyente  no emitió opinión alguna, se limitó a entregarle su taza, mientras saboreaba el suyo. Meditó en silencio, mientras el aroma inundaba todos sus sentidos.
Ambos se dispusieron en sus elucubraciones íntimas. No hablaron mas. Sus caminos se entrecruzaban sin sentido alguno. 
- La vida…La vida, ¿para qué te quiero?  Sí me llenas de heridas a cada paso que doy… - Musitó la fémina sin mirarlo, y suspirando siguió sorbiendo su tinto.
Juan asintió.
Esas palabras se hundieron en sus pensamientos y mentalmente se repetía: ¿Y para qué quiero la vida…? Si parece que a nadie importo. – Una y otra vez recitaba como si fuese una estrofa de algún himno…Hizo mella en sí misma.
Ambos se sumergieron en sus silencios.
No hablaron mas.  
Su silencio fue su forma de comunicarse.
Y lentamente se levantó de su asiento y se fue dubitativo, (con una sonrisa que quedó grabada mas en su interior que en su propio rostro.)
Ella no pareció darse por enterada…

 





















© Bernardo Enrique López Baltodano 2016











                                     
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