"Cachirulo"
- Apuraron su paso. Ya no deben tardar en
venir.
- ¡Bueno, corran y sigan carreteando!
Mientras yo vigilo.
- ¡Gracias gran jefe!
El gran jefe, los recriminaba con gestos.
Rápidamente, se regresaban con otro cargamento.
El cargamento, consistía en: Televisores,
Microondas, Aparatos pequeños, Una nevera de esas de oficina, Ropa a granel,
sábanas, etc., etc.
Parecían hormiguitas. Cuando los cuatro
salían, aparecieron los dos que faltaban y sin perder ni un segundo más,
comenzaron a cargar más y más mercancía.
- Mi negocio, está prosperando. ¡Éste fue un
buen golpe! Tengo que seguir buscando e indagando.
Mañana o pasado, deben ir mis compradores. Y
en esta ocasión, si que tenemos que venderles.
¡Qué bien!
Cuando revisó nuevamente, la hora…Transcurrió
una media hora…
- …Ya van siendo las cinco de la
mañana…Esperaré la última…
En efecto se aparecieron, esta vez los seis en bloque.
Entraron y siguieron con su labor
recolectora.
Eso fue de una forma rápida y efectiva.
Siendo las cinco de la mañana…Ya todos,
habían abandonado la propiedad.
Una hora ya peligrosa, para ellos. Muchos
madrugadores, salían de sus casas, para acudir a sus respectivos trabajos.
Los gallos, cantaban sus canciones matutinas.
Un nuevo y radiante día, se deslumbraba.
Ya en las casas, se oía el ruido en las
cocinas.
El rico y oloroso cafecito, se colaba en
muchas casas. La alegría de un nuevo amanecer.
La humanidad, se despertaba de una larga y
preciosa noche de descanso.
Los hombres de Cachirulos, cargaban pesados
fardos. Zigzagueaban por las calles, debido a que el bullicio comenzaba a
florecer.
Poco a poco
las luces, de las casas que habían iluminado las propiedades.
Comenzaban a ser apagadas.
- ¡Apúrense muchachones! – Los arengaba su
guía.
Se quedó en una esquina, desde donde pudo
divisar todos los movimientos.
La jornada fue muy fructífera. No se podía
quejar.
Sus movimientos, reflejaban el nivel de
energía que poseía su cuerpo.
Daba la impresión de que recargaba todas sus energías.
Se sentía, un súper hombre.
En toda su magnitud.
Pero en su trabajo, era muy meticuloso. Y por
esa razón, se detuvo. Oteaba de la manera más natural posible. Notó que
efectivamente, ya la mayoría se estaba levantando.
El inconfundible aroma de ese cafecito
madrugador, era el chismoso de ese momento tan bello.
Apreció la mayor tranquilidad del mundo.
Así, que comenzó a caminar muy despacio. Sin
ningún temor.
Apreciando todos los signos que se le
aparecieran.
Distraídamente se fue acercando hacia el sitio en dónde, lo
estaban esperando sus compinches.
Cuando los divisó. Allí estaban esperándolos
todos ellos. Se veían ansiosos.
Se movían de un lado a otro, se les notaba
que estaban inquietos, pero temiendo siempre el mal carácter de su gendarme,
seguramente que no se atreverían a decirle nada.
Él al contrario, se le notaba totalmente
seguro y sosegado.
(¿Qué estarán tramando esta banda de truhanes?) Se preguntaba a sí
mismo, pero cuidándose siempre de que sus seguidores no se enterarán de que ya
los había captado.
Llegó hasta su grupo y como siempre, se hizo
el desentendido. Esperando haber que acción tomarían. Los estaba midiendo.
- Comandante… ¿Qué hacemos ahora? – Le
preguntó Er Kike.
- ¿Qué, qué hacemos ahora…? Ya terminó la faena. ¡Dispérsense!
- Perdóneme Comandante…Pero necesito un
adelanto… - Le informó El Temblao.
- ¿Adelanto…De qué?
- …Es que no tengo nada de comida en la casa…Perdóneme
mi Comandante…
Cachirulo lo observó detenidamente.
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