El dolor de un Padre ante la ausencia de su hijo.



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“Al que mataron fue a mi hijo mayor…”






Venía cansado, hoy es lunes en este mes de agosto, cargando unas bolsas y venía del mercado, cuando vi a un señor que me pareció conocido; como en efecto lo era.
Me senté a su lado y en el acto nos reconocimos.
Estuvimos conversando sobre lo costoso que nos está resultando poder comprar nuestra comida.
Y viendo desde la comodidad de nuestros puestos, como eran de largas esas colas. Cómo discutían y se golpeaban mujeres con mujeres y hombres con hombres, y todo esto debido a la gravísima escasez de todo cuanto se requiera para poder subsistir en medio de este caótico país.
- ¿Ves lo que traigo aquí…? – Me dijo enseñándome una gran bolsa negra muy voluminosa por cierto.
- ¿Y qué lograste comprar…?
- Unos plátanos que mas bien parecen cambures.
Aquí llevo, a quince bolívares cada uno. Ya no se puede con esta inflación.
Todo está carísimo…Y no se consigue.
- ¿Y yo…? Qué salí al mercado “Las Pulgas” y me lo he andado hasta el final…
¡Y no le pude conseguir el alimento a mi perrita! ¡Qué barbaridad!
A veces pienso, soltarla…A ver si consigue comida por la calle… (¿Qué otra cosa puedo hacer? ¡No consigo comida para ella!)
- Mira yo prefiero la “cuarta república” ¡que esta vaina! Porque ciertamente que ahora gano mucho mas, pero ¿de qué me sirve…?
¡Todo está carísimo y nada se consigue! – Mientras hablábamos el resto de los pasajeros estaba cada uno en lo suyo. Pocos nos prestaban atención alguna.
En verdad, en esta época de “revolución” mas de uno la está pasando “las de Caín” porque andamos como loco buscando algo para poder comprar y aparte de que no hay…Lo poco lo están vendiendo a precios exorbitantes.
- ¡Logré conseguir este medio kilo de café a: 350 bolívares! – Le dije enseñándole el paquete, pero sin sacarlo de la bolsa, no vaya a ser que un guardia me lo quiera decomisar creyendo que estoy “bachaqueando” (un término acuñado a los que compran  a precio regulado y después va a venderlo  diez  veces mas caro. ..Hasta a “esto hemos llegado”)
El amigo en cuestión me dijo entre dientes…
- …Mejor cambiamos de tema…Veo a esos dos que nos están poniendo atención y pueden ser “sapos del gobiernos”  o como ellos prefieren llamarlos: “compatriotas  cooperantes” (¡Qué situación tan degradante lo que nos está costando co-existir!)
Disimuladamente observé y en efecto, eran dos que ya no nos perdían de vista.
- Cierto. Mejor hablamos de “lo bella que es la revolución bonita” – Él se sonrió y preferimos callarnos, ya que siendo un par de padres de familia…No nos vayan a desgraciar nuestras vidas.
En un momento comencé a charlarle, que en la época en que hacían las “barricadas” en las calles, me pareció haber visto a su hijo…Un mozalbete de pocos años, que iba con unos pantalones cortos y con una franela de colores y me respondió…
- ¡En cuanto me dijeron: Tú hijo está protestando en la avenida! ¿Sabes cuanto tenía de edad: ¡15 y medio años! Corrí y me lo traje a fuerza de garrote y cuando llegamos a la casa, le di “una cueriza” que el muchacho me acusó que me iba a denunciar al ministerio público por “maltrato infantil” y yo le dije:
- ¡Vaya y me acusa! Y dígales lo que yo lo hice, y les informaré el por qué le tuve que dar una paliza:  ¡Porque usted está quemando cauchos en la avenida!
¡…Y vamos a ver a quién van a dejar preso…!
- ¿Y qué te dijo el chavalo…?
- ¿Qué me va a decir? No tolero que ningún hijo mío vaya a hacer semejante locura. – Y callando de repente me dijo…Con sus ojos enrojecidos…
- A mi hijo mayor…Me lo mataron el 21 de sept. de 2. 014… - A mí se me aguaron los ojos, no pude soportar  tan nefasta noticia y apresurándole le dije…
- Por favor amigo. No me cuentes nada mas.
Que yo también soy padre.
Y me duele en el alma esto.
Tan sólo de pensar, que me pueda pasar esto a mí…
Por favor. No sigas. – En verdad, me dolío en lo mas profundo de mi ser. En un instante pasó por mi mente mi hijo mayor, Cristóbal que en función de músico siempre anda de un sitio a otro para ganarse el sustento diario.
O de mi otro hijo, Berny que siempre anda comprando y vendiendo o reparando relojes en todas partes.
¡¿Cuánto dolor debe sentir un padre, al perder a su hijo…?! (¡No es posible que te maten a tú hijo! ¡No Señor!)
…No quiero ni siquiera pensar en esto.
No creo que un padre pueda asumir este tema…
A mí en lo personal me produce mucho pesar.
Pero el amigo se quitó sus lentes, sacó su pañuelo y me dijo…Y con lágrimas en sus ojos, limpiándoselas con su pañuelo, prosiguió…
- …Ya eso pasó…
- Amigo mío…No me sigas diciendo nada mas.
No quiero estar en el lugar de un padre.
Y el sólo hecho, se me agúa mi corazón y se me constriñe todo. Lo siento en el alma.
Es un tema tabú para mí…Y te acompaño en tu dolor.
Por favor…No sigas… - Pero él hizo caso omiso a mi petición…
- Yo me levanto todos los días a las 4 a.m., y ese día 21 de sept. -era domingo-  (Este 21 de sept. próximo cumple su Aniversario - y cae en: lunes-  de su muy Sentida Partida.)
A él lo traía su transporte a las 4,40 y siempre llegaba y tocaba el portón…
Y era yo el que salía a recibirlo…
Ese día escuché el “tilín” del portón y corrí a abrirlo… ¡Era él! Una suave brisa me rozó por mi lado a su paso, mientras escuchaba: ¡Bendición papi!
¡Era mi hijo!
- ¿Y lo viste?
- Si. Pero de refilón. Y si pude escucharle,  el mismo timbre de voz. Y cuando me acuesto al lado de mi esposa, lo sentí, cuando su cuerpo se hundía en el colchón y cuando se abrazó conmigo…
¡Eso fue grande amigo!
Sentí el suave calor de su cuerpo, aunque ya sabía que ya él estaba muerto.
¡Pero lo sentí!
Y sus brazos rodearon mi cuerpo y su cara se posó al lado de la mía…Y así duramos hasta que me dormí. Me levanto siempre alrededor de las cinco y media, porque a esa hora comienzan a llegarme todos los periódicos y me tengo que levantar para recibirlos e irme a mi puesto de ventas.
- ¿Pero estás seguro de que lo viste…?
- Sí.
- ¿Y lo sentiste…?
- Por supuesto, la brisa y su aroma.
- ¿Y también lo oíste…?
- Y también, sé que espera que yo le imparta mi bendición. Y siento cuando entra a la casa.
Oigo como hace sus cosas, que regularmente hacia cuando llegaba en la madrugada.
- ¿De verdad…? ¡Qué maravilla!
¿Y qué sientes cuando eso pasa…?
- Siento un gozo. Una alegría desbordante.
No sé cómo explicártelo. Me siento: ¡Completo!
Pero a decir verdad, cuando lo veo es por fracciones de segundo, porque algo pasa y es cuando volteo a ver y ya no está.
- ¿Y cuánto tiempo te ha durado eso?
- Mas o menos…Un mes. Su primer mes después de su partida.
Es mas te voy a contar…Cuando llega la viuda y trae a su hijo    -mi nieto-   a él de pronto lo veo que se pone a reír y a reír, señalando una parte de la casa, generalmente en su cuarto. (Conque emoción lo veo… ¡Ríe y goza!)
Y el bebe dice…  “¡Papa, papa vení acá…”!  -Mi esposa nerviosa trata de corregirlo, pero yo la agarro y le hago señas de que guarde silencio, y le digo a su oído…
- Él está viendo a su papa. ¿No lo ves?
Siente el mismo gozo que yo siento, cuando lo logro ver. – Mi esposa comienza a llorar desconsoladamente, porque ella me asegura que nunca lo ha podido ni oír, ni ver, como mi nieto y yo lo hemos hecho.
¿Y qué puedo hacer…? Me lamento mucho que ella no pueda tener ese gozo…Pero yo sí que lo poseo.
¡Ni idea tienes cuando lo siento! (Y es cuando me viene a mi mente, cuando yo lo cargaba y lloraba, lo mecía entre mis brazos y le cantaba: “¡Arrurú mi niñito!” ¡Ay cuantos recuerdos me llegan de su infancia!)
Me provoca abrazarlo con tanta fuerza y ternura…
Mi pobre hijito que se me murió de esa forma…
(¿Qué será de él, cuando no lo veo, ni lo siento…?)
¡Sólo Dios sabe porque pasan las cosas!
Esta vida es muy corta .
Incongruente.
Grotesca y miserable.
No sabes cuánto tiempo te puede durar una alegría o un gozo. ¿No sabes cuánto me ha costado llevar a mis hijos, hasta dónde están…?  
…Bueno en tú caso, me doy cuenta de que tú sufres tal como todo buen padre lo hace.
No es fácil.
¡Pero te voy a contar…! Lo he visto en la esquina en donde me paro a vender las arepas…
En cierta ocasión estaba así…
Que nadie me llegaba a comprar nada.
Y yo estaba obstinado. Ya fastidiado, cuando de repente me llegó…
- ¡Bendición papi! – Yo asustado voltee a verlo, ¡claro que le reconocí su voz!
¿Pero cómo era él…?
¡Te juro que no pensaba en él!
El caso es que lo vi, venía muy sonriente y yo le dije…
- ¡Dios te bendiga hijito! ¿Y eso…Qué haces por acá…? – Y él señalándome a cuatro o cinco que venían con él, me dijo…
- Es que venimos por…  -¿Y vas a creer que me recuerdo del nombre qué me dice…?-  ¡No!
¡No he logrado saberlo!  …Pero uno o dos días después…Alguien conocido se muere.
¡Y así mismo pasó con su propio tío!
- ¿Pero lo viste?
- Tal como te estoy viendo ahora mismo. Pero en un instante después…Desaparece.
Algo pasa y miro a otra parte y cuando vuelvo…
¡Ya no está! ¡Se me fue!
Y eso me ha pasado en las últimas tres muertos         -entre ellos mi propio cuñado, su tío-  ¡eso me ha estado pasando!
- ¿Y ya no te llama en la madrugada…?
- No. No lo he vuelto a sentir.
Mira por lo que he visto y oído, y por  eso sé qué existe.
Y tal como te dije, yo he visto a mi hijo muerto acompañado de otros…Que al igual que él, ya han partido de este mundo.
No te puedo asegurar lo que no sé, pero de esto sí que los he visto…Y oído. ¡Doy fe de que eso es así como te lo estoy narrando!
No miento. No exagero.
Tampoco estoy “sugestionado”
Así que para mí…Existe otra dimensión.
Y no sé explicarte si es que están a un lado nuestro o encima o abajo. ¡Eso si que no lo sé!
No soy un letrado, ni profesional en nada…Solo soy un padre cuyo hijo mayor se me fue de repente.
Y en verdad aún no he tenido tiempo “para llorarlo”
mi mujer  ¡esa si que sufre!   -quizás el haberlo visto y hablado con su espíritu-    me “alivie” en algo su sentida partida… ¡Pienso!
Soy un padre herido. Y lamento que su propia madre no tenga esa virtud…Pero yo sí. ¡Gracias a Dios que lo he visto y oído!












© Bernardo Enrique López Baltodano 2015.-


...Te equivocaste de persona...



                                   Google imágenes: Paisaje paraguanero. Giovanny  Strippoli










“¡Te equivocaste de persona!”







Viviendo aun en Maracaibo, me tocaba realizar mi viaje hacia tierras falconianas, así que me dispuse a ejecutarlo.
En aquel entonces era soltero (Y sin compromisos.) por lo que podía ausentarme toda la semana, y en mi casa solamente me esperaban mi madre y mis hermanos.
Me gustaba viajar, disfrutaba cada kilómetro recorrido, el cambio de paisajes y de climas, amén de conocer a nuevas personas, ¡eso lo disfrutaba!
El calendario de mis viajes era: una semana para visitar los campos petroleros del Zulia, además de viajar a la población de La Puerta en el estado Trujillo y a la semana siguiente viajar hacia el estado Falcón.
Ya el jefe, me había hablado del Ñaño (Un ex compañero de trabajo, quien se había mudado a Pueblo Nuevo en la península de Paraguaná.) y me dijo que   -si me era posible-    pasara a saludarlo, le dije que no sabía su dirección    -y él me la dio-   me pidió que si pasaba le diera su saludo.
En verdad, éramos amigos, y me pareció muy interesante pasar a saludarlo.
Programé mi recorrido, ya que partiendo de mi zona de origen (Maracaibo) la primera población era: Mene Mauroa,  allí tendría que atender a varios de mis clientes, y de allí seguir en mi recorrido hasta el sitio en donde debía dormir: Coro, la capital de Falcón.
Y una vez que visitaba a toda la clientela tanto de Coro como de La Vela de Coro y puerto Cumarebo,  dirigía mi vehículo hacia la península de Paraguaná.
El cambio era drástico, ya que en el recorrido debía atravesar los famosos “Médanos de Coro” y a unos cuantos kilómetros mas, doblar hacia: Adícora y de allí llegar a Pueblo Nuevo (Pueblo en donde vivía el famoso Ñaño.) así que hice todo mi recorrido y al llegar hasta esa población, comencé a buscar la bendita dirección.
A la final, la encontré.
Ñaño vivía en una casa vieja, en una de las calles paralela a la avenida principal.
Realmente no me costó mucho localizarlo, ya que mucha gente ya lo conocían, y al dar sus señas, alguien me indicó la dirección con mas exactitud.
Recuerdo que lo encontré en su residencia.
Él se había casado con una goajira (Descendiente de la etnia Guayú.) y al parecer, se complementaban muy bien.
(Una vez que lo hube localizado, él me narró la parte de su vida   -que desconocía-   y me dijo que al conocerla, su familia lo obligó a que se casara de acuerdos a “sus ritos y sus usanzas” y que después se casaron tanto en la iglesia Católica, como al civil, en casa de sus padres en Maracaibo.)
Esa tarde, él me insistió mucho en que me quedara en su casa, al principio le dije que seguiría mi camino hasta Punto Fijo, ya que en la mañana debía finiquitar mi recorrido de ventas en esa zona; pero él se había acostumbrado a “cambiarle los planes” a todo el que se le acercara.
Bueno, el caso es que finalicé aceptándole su propuesta ya que era muy tarde, serían si acaso un poco mas de las seis y ante la posibilidad de llegar muy tarde a Punto Fijo y no conseguir habitación en algún hotel…
- ¡Tendrás que dormir en una bomba de gasolina…Y no es conveniente! – Me dijo con mucha determinación… - Me imaginé eso, y me causó escalofrío. El tener que dormir en “la calle” en mi propio carro…No me era agradable…Así que…
¡Me convenció el hombre! – Pero a decir verdad, esa residencia me causaba mala espina.
Presurosa, su mujer me preparó un cuarto con su cama ya lista.
Me llevaron mi maleta, y no pude objetar mas.
El caso es que esa noche, nos quedamos hablando hasta muy tarde.
Y cuando me llegó el momento de despedirme, me ha entrado  ¡una sensación de orfandad tremenda!
Me desvestí y me propuse acostarme en esa camita que con tanta prestancia, la señora de la casa, me había preparado.
Me costó mucho conciliar mi sueño   -porque a pesar del cansancio de la carretera y que me sentía muy agotado,  pero era que se producían unos ruidos que me escandalizaban.
Cacofonía electrizante, en medio del depauperado silencio en una noche en donde no conseguía la luna…
En mas de una ocasión, me desperté con esa angustia de que alguien me estaba “cazando” y que estaba en la espera para saltar sobre mí.
(¡Ya me parecía estar viendo: Apariciones, fantasmas o brujitas volando en sus escobas…!)
Esa angustia me hacía asomarme por una ventana que daba a un patio interno de esa propiedad.
A lo lejos quedaba mi carro, y sentía mucha desconfianza…Pensaba que alguien se metería dentro de él y que me causaría una desgracia.
No sé explicarme muy bien, la noche era fría, pero yo estaba sudando.
Los vientos producían los mas variados ruidos cacofónicos que en la oscuridad me hacían alucinar.
En mi imaginación…Veía figuras demoniacas.
Fantasmas sin cabezas. ¡Horrible!
Esa fue una experiencia nefasta para mí, ni siquiera supe si logré conciliar mi sueño. Tan solo estaba desesperado a que saliera el sol, y poder salir de esa pesadilla.
Aunque a decir verdad, todo me había salido a las mil maravillas, pero esa pernocta…No me fue tan agradable como esperaba.
Al día siguiente, me levanté rápidamente, me bañé y recogí todas mis cosas.
Escuchaba ruidos en la cocina, y de repente escuché cuando la voz del amigo, quien se acercaba con una humeante taza de café.
- ¿No vas a desayunar? – Me preguntó mientras me miraba con mucho desdén…
- ¿No dormiste bien…? – Me preguntó muy extrañado. – Espero  ¡que mis ronquidos no te hayan espantado el sueño! –  Me dijo medio en broma.
Le dije que no había podido dormir muy bien y que muchos ruidos escuchaba alrededor de mi carro…
Él miró a su esposa, ambos se miraban muy extrañados, y luego me aclaró…
- Bueno, esta es una casa vieja. Y ya sabes que en esta zona se producen muchos ventarrones que al pasar por el techo  -muy viejo de esta casa-   pues producen esos ruidos extraños.
¡Qué tanto te asustaron! 
Eso mismo nos pasaba a nosotros en un principio…
¡Ya no le hacemos caso! – Y acto seguido desvió el tema y me dijo…
- Te voy a hacer un pedido…Espero que no te me vayas a negar…
- ¿Qué pedido será…? – Le pregunté extrañado por la expresión de su rostro.
- Mi mujer y yo, quisiéramos irnos a Maracaibo y como sé que el viernes te regresas…
- Sí. Si todo me sale bien y logro cubrir toda mi ruta, recuerda que además de Punto Fijo debo ir hasta Los Taques…
- Bueno el caso, es que nos agradaría mucho si nos das la cola de regreso. Y así aprovechamos tanto ella como yo. Ya que su familia y la mía, viven allá.
¿Puedes pasar por nosotros de regreso…?
- ¿Y ese era “todo el misterio”? – Le consulté
en medio de todo aquel “dramatismo” de ellos.
La señora se reía con ese tipo de risita que provoca los nervios, y muy atenta seguía cada gesto que hacía.
- No hay problema.
- ¿Seguro que no hay problema…?
- ¡Seguro! Por mi parte, no le veo mayor problema.
El caso es que no sé si pasaré el viernes…Y en caso de que lo haga…Será antes del mediodía  ¡claro si logro hacer todo a tiempo! –  Comenzamos a desayunar y al terminar, apuré mi viaje.
En esta ocasión, preferí aligerar mi recorrido, así que aproveché a entrar primero a Los Taques (Tendría a lo sumo unos tres clientes allí.) y desde allí entrar a Punto Fijo, como en efecto eso hice.
Ese día, al entrar a la ciudad, me fui directo al hotel y reservé de inmediato mi habitación y ya teniendo seguro eso, continúe con mi labor de ventas.
Esa noche, ya en mi cuarto del hotel, comencé a rememorar todas las vicisitudes que sufrí en esa casa, y  hasta llegué a pensar: ¡Es pavosa esa casa!
Esa noche logré conciliar mi sueño a las mil maravillas.
- ¡Santo remedio! Logré reponerme después de tan extraña experiencia. – Me dije mientras me bañaba y me rasuraba.
El caso es que todo se me olvidó en cuanto arranqué con mi faena de todos los días.
Ya muchos clientes me esperaban y nos saludábamos hasta con alegría. Mas de uno de ellos me brindaban o un café o un refresco.
Cuando logré cubrir toda mi zona, ya era viernes y sería a lo sumo…Las nueve y media…Así que fui a mi hotel, retiré todas mis pertenencias y cancelé todo el importe.
Y partí rumbo a la casa del Ñaño  (En esa época no habían celulares y en su casa no tenía teléfono fijo, así que me tocaba lanzarme hasta allá con la idea, de que ya estuvieran esperándome, para continuar mi camino a “La tierra del sol amada” (Slogan que utilizan muchos los oriundos de esta gran ciudad, como para que todos supiéramos…Que es una zona: Caliente.)
- Voy a buena hora, ya que eran un poco mas de las diez (de la mañana)  y si ya me estaban esperando…
Pues lograría atravesar el puente sobre el lago de Maracaibo, con los últimos rayos solares.
En efecto, cuando apenas divisaron mi carro, se alegraron mucho de verme.
¡Hasta sus maletas las tenían en la puerta!
- ¡Justo a tiempo! – Me dijo en cuanto estuvimos cerca, me pidió la  llave del maletero y él mismo se encargó de acomodar su equipaje…
No tardó ni dos minutos.
Su esposa y sus dos hijitas de brazo, se metieron de inmediato en el carro   -en ese entonces tenía un Dodge Dart de cuatro puertas-   acto seguido, se acomodó en el puesto del copiloto y después de verificar que su familia estaban cómodas, me indicó que ya podía arrancar. Como en efecto eso hice.
Durante unas cinco horas, estaríamos en ese recorrido hasta llegar a nuestra ciudad de origen.
Y ya pasada unas tres horas y media   -ya habíamos pasado Coro-   y me dijo, en el momento en que estuvimos solos   -nos paramos a almorzar en un restaurante de carretera-   se me acercó y con mucha gravedad, tanto en su cara como en su voz, arrancó diciéndome…
- Mira chico, te invito a que   -una vez que hayamos llegado-   vayamos a casa de un brujito “muy famoso” ¡es mas, yo te voy a pagar la consulta!
- ¿Y qué hace ese brujito…? – Le pregunté medio en broma, él tomó aliento y me agregó…
- ¡Ése, es un brujo muy “asertivo”! Y te dice: El Pasado, el presente y tú Futuro
- ¿De verdad…?
- Él consulta por medio del tabaco. ¡Ya lo vas a conocer, no tiene perdida alguna!
- …No sabía que te gustaban los brujos… - Le dije en medio de su seriedad.
- ¡No! ¡No me gustan!
Pero de que “vuelan…Vuelan”
…Estoy pasando una época “de mala suerte” y mi esposa me lo está recomendando. Es el brujo de su familia. Ya sabes…Ellos creen mucho en esas cosas… - No le quise agregar nada mas.
El caso es que  ¡¿bueno qué otra cosa podía hacer!?
Ya me había embarcado, y no perdería nada con ir, bueno el caso es que mientras mas rápido salía de eso, mejor para mí, ya que podría regresarme a mi casa mas temprano.
Durante el resto del viaje, de ese tema no hablamos.
Al llegar  -me hizo señas-   de que continuara y que fuésemos hacia el consultorio de tan singular personaje.
Cuando detuve mi carro, en el consultorio, en un barrio muy pobre en las afueras de Maracaibo, no bien había apagado mi carro, cuando la esposa del amigo en cuestión se bajó como un rayo.
Ñaño se quedó a mi lado, mientras veíamos como ella entraba a ese rancho con total tranquilidad y muy segura de todo.
Nos invitó a entrar. Entramos. (Una vez adentro, me quedé muy aprehendido. El fuerte olor a tabaco, me perturbaba. Velas encendidas por todas partes. Un olor a “cosas raras” me tenía sometido.)
Nos indicó que nos sentáramos y esperáramos allí.
La esposa, abrió una cortina   -con seguridad, allí estaba el famoso brujo-   nos hizo señas y entró.
Se tardó unos minutos.
Ñaño se percató de mi incomodidad, y susurrándome al oído me alertó…
- Ya vas a ver. Tú no le tienes que darle ninguna información al brujo. Solamente te sientas, y él hará el resto. Y si tienes alguna duda…Se lo puedes decir, que él te dirá. – A los pocos segundos salió su esposa y dirigiéndose a mí, nos dijo…
- Ya va a estar listo. En cuanto él llame, entonces ya pueden entrar. –  Y diciéndonos esto, se retiró a otra de las habitaciones.
Allí me encontraba, tratando de respirar en esa atmosfera tan asfixiante.
- Para que no te estés  creyendo que yo, le voy a hablar tuyo…Te voy a ceder mi puesto. ¡Pasa tú primero! – Y se levantó para darme su primer puesto.
A los pocos minutos, se hizo un silencio, y lo rompió el adivinador, para indicarnos…
- Que pase el próximo. – Mi ex compañero, me hizo señas y me indicó a que pasara en su lugar. Así que entré. Pude quedar extrañado al contemplar un Altar muy iluminado por todo tipo de imágenes y de velas y velones. El humo era intenso, y me provocaba estornudar.
- Pasa y siéntate aquí. – Me indicó el hombre con un acento a indígena muy marcado. Acto seguido, agarró un tabaco de un envase, se persignó con el y rezándolo en voz baja, lo encendió.
(En ningún momento se dignó a mirarme.)
Una enorme bocanada de humo brotó de su boca      -menos mal que no me la lanzó encima… ¡Porque le hubiera vomitado en su cara!-   hacía sonar sus dedos como si estuviera lanzando algún tipo de sortilegio.
(Miraba arriba, abajo y a todas sus deidades…)
Levantaba su tabaco y pronunciaba palabras que no pude entender.
Y después de contemplar todo cuanto hacía…Se volvió  a mí comenzó diciéndome…
- ¡Compañero…Este tabaco es “muy chismoso”!
Y ya está comenzando a “narrarme muchos misterios” que al descubrirlos, pierden su efecto.
¡A usted lo han “dañado”! – Aspiró y luego soltó una inmensa cantidad de humo…
(Pensé que una persona normal no puede contener esa cantidad de humo en sus pulmones…)
- ¡Acá me cuenta! ¡Porque él siempre habla con la verdad! –Y de inmediato levantó su brazo en donde portaba el tabaco en cuestión-   pronunció otra andanada de palabras… ¡Qué tampoco entendí!
- ¡El tabaco no miente! Quédate callado, que él te va a decir todo lo que viniste a buscar aquí…
…Aquí me dice…Que tú vives en tierras… -Y olfateando el aire, levantó su cabeza, y continuó diciéndome…-  ¡En un sitio…Cercano…No de aquí…Cerca de agua! ¡Cómo si vivieras cerca de agua…Pero salada! ¿Será que vives en un pueblo lejano? Porque en Maracaibo, lo que hay son ríos y el lago. ¡Pero acá me dice…!
¡Sí…En un pueblito chiquito!
¡…Y me dice: Qué tú estás casado…!
¡Y que tienes dos niñitas! – Vi como sus ojos le bailaban entre sus cuencas…Parecía que se transportaba. Y yo comencé a pensar… (¡Este tipo como que se equivocó de personaje! Porque no me está  retratando a mí…Sino al Ñaño), pero como lo vi que estaba como “en un trance de locura espontanea” no me atreví a interrumpirlo.
(¡Zaperoco…No me vaya a lanzar “sus maldiciones y mande a toda esa tropa en mi contra!”)
- ¡Y el tabaco no miente! ¡Estás casado con una mujer que es “un modelo a seguir”!
Y acá también me informan… Qué estuviste trabajando en “la petrolera” y que no saliste…
¡La envidia…Te envidian hasta tu mujer!
A ti te echaron “un embrujo” Porque no te querían allí…
¡Te echaron una brujería para destruirte!
…Es que hay gente muy mala y perversa…
Porque la envidia mata…Y ellos no te quieren.
…Y… ¡Ya va, ya va! – Me dijo al verme que me levanté como un rayo y sin permitirle que continuara le dije…
- ¡Te equivocaste de persona! Porque a quien  estás “retratando” es a mi amigo…Que me cedió su puesto. ¡Ya te lo voy a llamar para que le termines de dar “las buenas pruebas de tu tabaco, que nunca miente!” – Y sin decirle una sola palabra, me retiré…
El brujo se me quedó mirando con una mirada de total desconcierto. Aproveché y levantando la cortinita de tela, le dije a mi amigo “El Ñaño”
- Ñaño…Ese brujo me describió tu vida. Entra que te va a terminar de “adivinarte” – Y sin decirle mas palabra, me retiré ante su atónita mirada.
Llegué a mi carro, lo abrí y me metí.
Me quedé esperándolos con total desagrado.
Los vi, cuando él peleaba con su esposa, se tardaron unos minutos…Luego entraron al vehículo.
No nos dijimos nada mas. Estaba loco por dejarlos a ellos y seguir a la tranquilidad de mi casa.
Mañana…sería otro día. 










© Bernardo Enrique López Baltodano 2015

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Bernardo Enrique López Baltodano (Belbaltodano): Juegos...Perder o ganar.

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La Victoria vía a Zuata...Aragua.



             Google imagenes - La Victoria vista desde la autopista Regional del Centro - Venezuela









“En mis recuerdos…”
                       




En mis recuerdos evoco…Cuando era un chavalo y vivía en La Victoria vía a Zuata en un parcelamiento llamado “El Rodeo”
Era un conjunto de haciendas pequeñas, mas bien parcelas productivas en los ricos y fértiles valles del edo. Aragua.
Cuando llegaba en el bus, después de mis clases en el Instituto “Ricaurte”, me bajaba frente al club: “El Rodeo” y me dirigía hacía una vía sin asfaltar, que me llevaba directamente a la propiedad de mi viejo.
Una parcela de dos hectáreas cuadradas.
Quedaba en una esquina, a nuestro lado había al principio una hacienda en la que sembraban cambures y plátanos, nos separaba era una vía que iba hacía la propiedad de un isleño que tenía una granja de conejos y a la cual, después de vivir allí me vi precisado a hacer amistad con el dueño, ya que sin su autorización no podía subir a una montaña que estaba a su fondo.
Mejor dicho su propiedad, lindaba con las faldas de esa imponente elevación   -la cual al parecer era alrededor de  los dos mil metros de altura-   y que en aquella época solía subir.
Me recuerdo que en cierta ocasión me llevé a mi perro un pastor alemán, de escasos diez y seis meses de edad.
Al principio era muy fogoso. Pero en la medida en que subíamos…El animal comenzó a jadear y a tratar de respirar, pero lo elevado se lo impedía. Me quedé a su lado, tratando de reanimarlo, pero en verdad: ¡Estaba agotado!
(En ese momento me lamenté enormemente habérmelo llevado, pensé que se me moriría allí mismo.)
Al esperar por mucho rato, decidí dejarlo allí y continuar mi camino, en vista de la negativa del canino en seguir escalando en mi compañía.
Recuerdo que cuando llegué a la cima, la soledad me acompañaba. Fuertes vientos me indicaban que allá en lo alto, nada impedía su fuerza natural…Hasta llegué a exhalar “humo” de mi boca y eso me entretuvo por un rato largo…
Pude ver una imagen inmensa: ¡Una Cruz!
De mas de tres metros de altura.
En un principio me desilusionó   -pensé que mas nadie lo había logrado, hasta ese momento-   pero al contemplarlo con detenimiento me entró un mar de dudas, recuerdo que comencé a analizar:
¿Cómo habrán logrado llevar todo ese aparataje de hierros…?
Sin lugar a dudas, tuvo que haber sido una enorme proeza. Traté de visualizar…
¿Cuántas personas subieron esto…?
¿Cuánto pesará…?
Sin duda que ¡bastante! 
…Una vez que logré descansar por tan enorme esfuerzo, comencé a bordearlo.
Pude ver una hilera de carros que venían en una dirección.
- ¡Parecen hormiguitas! Me dije en medio de mi encanto. Noté que venía en bajada.
Y el otro canal, venía muy disparejo.
- ¿De dónde saldrán esa cantidad tan grande de carros…? Me preguntaba mientras lo contemplaba.
(Después hablando con mi padre y al narrarle este hecho, me informó que con toda seguridad todos esos vehículos saldrían de: Caracas   -la capital de Venezuela- ¡Ah caramba! Le respondí emocionado.)
El caso es que esa incursión era un día viernes y para ese momento, serían como las diez a once de esa mañana.
Aproveché para terminarme la poca agua que me quedaba en mi cantimplora.
Ya cuando había pasado mas de una hora, allá arriba, comencé a prepararme para mi bajada, mis muslos temblaban y mis batatas también (¡Bailaban solas!) me anunciaban sus quejas por tan enorme esfuerzo.
Me masajee lo que pude y me recordé de mi perro…
- ¿Estará esperándome…?
…O estará “aventado” con las patas arriba…
¿Se habrá ido…? (No sabía en qué pensar.)
Una y otras interrogantes se me aglutinaban en mi mente. Traté de visualizar a La Victoria, pero esa masa de montañas me lo impedía. Así que ya habiéndome dado “todo un banquete visual” me dispuse a bajar.
Con cuidado   -me informaron que tuviera mucho cuidado con las culebras-   así tomando todas las medidas cautelares, procedí con mi tarea.
En cuestión de una media hora, ya había descendido algo, cuando pude ver a mi canino, se encontraba a lo lejos, y pude ver que ya no jadeaba tanto.
- ¡Ah qué bien, me esperó! – Grité lleno de euforia, asegurándome que yo también hubiese hecho lo mismo por  él.
Cuando llegué hasta él cuadrúpedo, este me miró largamente, pero sin mostrarme mas alegría que moverme su cola.
Lo saludé con mucha euforia y lo insté a que continuáramos juntos el descenso.
Debo reconocer, que no fue de su total agrado.
…Pero me obedeció.
Como tenía que sujetarme con alguna piedra o alguna otra cosa, andaba con mucho cuidado.
De repente pude ver “piel de culebra” desperdigado por allí o por acá.
Le indiqué a mi guardián que anduviera con mucho cuidado, ya que nos podía salir una serpiente o una “cuatro narices”
- Me han informado que hay una especie de serpiente que la llaman “escupidora” ya que lanza su veneno a los ojos. ¡Hay que andar mosca, Káiser! – Le prevenía a mi dog, por supuesto que no me respondía, pero era mi acompañante y algo debía hablar (Me entretenía conversándole mientras él movía su cabezota de un lado a otro, como tratándome de decirme: ¡No te entiendo!) y al hacerlo, le daba mas brío a mi momento.
Cuando ya comenzamos a llegar “a la falda” de esa montaña, me encontré nuevamente con “el isleño”   -un hombre que utilizaba unos lentes inmensos y acompañándolo…Su inseparable cigarrillos-   y viéndome fijamente me dijo:
- ¿Y te llevaste a ese pobre perro…?
- Es mi compañero. Además él me acompaña a muchas partes. – Él lo miró y moviendo su cabeza de un lado a otro, se compadeció de tan noble animal y pasados unos segundos de inspección, me agregó…
- Pudiste reventarlo. No lo vuelvas a hacer.
- ¿Usted cree…? – Le consulté y me recordé que casi se me muere y se lo narré.
El conejero en medio del humo de su cigarrillo, me dijo…
- Ese es un animal “pura sangre” de raza pura y no está preparado para escalar esa montaña. Es muy empinada. Muy peligrosa y agotadora. Yo te dejo subir, pero no vuelvas a traértelo. Me da mucha lástima. ¡Pudiste matarlo, reventarlo! No lo vuelvas a hacer…Por lo menos, si te veo, no te lo permitiré nuevamente. – Me despedí del amable vecino, y le prometí que no lo volvería a hacer. Pensaba que había sido demasiado con exponerlo, así de esa forma.
Horas después, cuando llegó mi viejo, le dije todo lo que había pasado y me dijo…
- El hombre tiene toda la razón. Ese animal es un vigilante, ¡muy bueno como guardián! 
Pero tal como te dijo, no nació como tú, para estar escalando montañas.
¿Y no viste serpientes?
- Ahora que me lo preguntas, pues sí. Vi unos cuantos caparazones de piel.
- Es muy peligroso. Debes tener mucho cuidado y cuando vuelvas a escalarlo…Procura llevarte un machete o algo que te sirva de arma, por si acaso… - Entendí que el relato en cuestión lo preocupó mucho.
Días después, y antes su acoso, le tuve que repetir que tomaría todas las precauciones que el caso ameritara.
…En verdad, lo escalé muy seguido.
En la primera ocasión…Llegué con “la lengua de corbata”, pero en las sucesivas, no.
- ¡Ya lo estoy dominando! – Me alentaba con el ánimo muy alto.
Volví a hacerlo, otro viernes, pero comencé después del mediodía…Y para cuando llegué a la cima, era ya de tarde; como las cinco y me quedé allí para presenciar cómo los autos que
salían de Caracas encendían su luz…
 - …Es tarde. – Me dije, tendré que bordear al isleño, ya que si me ve… ¡Se me va a enojar!
Así que tomando todas las medidas cautelares, pasé cerca de su casa…Serían ya como las siete de la noche.
- ¡Bueno, ahora me queda contentar al viejo! – Me dije cuando llegando a la casa, vi las luces encendidas.
Pero venía muy satisfecho. ¡Me di el tremendo gusto de ver esa enorme caravana de carros salir de la capital!   -Fue mi triunfo-  Quizás muy tonto, pero para ese entonces, me pareció ¡enorme!
 …Aunque temía que mi viejo “me sonara las nalgas” por estar exponiéndome sin ninguna necesidad…Pero  ¡bueno!
¿Qué mas podía hacer…?

















© Bernardo Enrique López Baltodano 2015

                                                              El autor recomienda:
Bernardo Enrique López Baltodano (Belbaltodano): Una mirada...
http://belbaltodano.blogspot.com/2015/03/una-mirada.html



Nota: 

Lamento profundamente en la terrible situación en que se encuentra sumergida mi patria: ¡Venezuela! Tierra de libertadores.
Hoy se encuentra postrada, en estado muy deplorable.
¡Ruego Al Altísimo que se apiade de nosotros, su pueblo!
Mas pronto que tarde, volveremos a brillar después de tantos y tantos años de vejámenes y de humillaciones.
Tan solo cuando la inmensa mayoría acepte lo inevitable...Quiera Dios que volvamos a la Democracia. ¡Vía Dios Nuestro Creador!
NO CREO EN POLÍTICOS, NI EN MILITARES QUE "SE VISTEN" DE POLÍTICOS...CREO EN DIOS, SOLAMENTE EN ÉL.